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La victoria de Lula en el escenario internacional: ¿un nuevo periodo para las relaciones entre Europa y América Latina? || Jon Rodriguez

La victoria de Lula en las elecciones presidenciales brasileñas tiene consecuencias que se sentirán tanto a nivel regional como global. La primera economía de América Latina volverá a estar gobernada por la izquierda y se suma así al resto de principales actores regionales, generando un nuevo marco de hegemonía de las fuerzas progresistas. En un escenario global en el que se cuestiona cada vez más el orden internacional del que nos dotamos tras la Segunda Guerra Mundial, basado en la Carta de las Naciones Unidas, esto tiene un enorme potencial que la Unión Europea debe saber aprovechar para impulsar la diplomacia y el diálogo multilateral frente a quienes apuestan por la militarización de las relaciones internacionales.

El anterior periodo presidencial de Lula (2003-2010) estuvo marcado por un impulso sin precedentes en la integración regional latinoamericana. Durante esta campaña uno de los principales ejes de su propuesta en materia de relaciones han sido el impulso a una agenda regional compartida entre los gobiernos progresistas y, para ello, la apuesta firme por la construcción de instituciones multilaterales democráticas. En contraposición a una Unión Europea que se empeña en mantener vivos los dogmas del neoliberalismo, la integración regional defendida por Lula se construye desde el respeto a la soberanía popular y la puesta en marcha de un bloque con vocación de jugar un papel clave a nivel global desde los principios de soberanía y no alineamiento.

Mientras varios países europeos se están ofreciendo como base para las armas nucleares estadounidenses, ya en 1967 América Latina se declaró como región desnuclearizada y con voluntad de trabajar por el desarme nuclear global a través del Tratado de Tlatelolco. La integración regional latinoamericana siempre ha tenido la voluntad de desligarse del poder hegemónico de los Estados Unidos para promover una cultura de paz y entendimiento en el escenario internacional. En ese sentido, la iniciativa presentada por el ministro de Relaciones Exteriores de México ante el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado mes de septiembre para el establecimiento de un Comité de la Paz para Ucrania es una muestra de lo que puede aportar un bloque latinoamericano fuerte y unido.

Además del reto compartido de la construcción de la paz, la Unión Europea podría beneficiarse de un estrechamiento de las relaciones con América Latina en muchos otros campos. La lucha contra el cambio climático, cuya dimensión global es evidente, también será uno de los elementos centrales del nuevo gobierno de Lula. Para ello es fundamental la protección de la Amazonía, que ha perdido más de 3.000 kilómetros cuadrados desde que Bolsonaro llegó al gobierno. Los grandes empresarios de la agroindustria han sido un apoyo fundamental para la extrema derecha brasileña, que les permitió actuar sin limitaciones atacando así los derechos de los pueblos indígenas, acelerando la pérdida de biodiversidad, y agudizando la crisis climática global.

En 2019, durante el gobierno de Bolsonaro, se finalizaron las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y MercoSur (bloque formado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), que aún no ha sido firmado ni ratificado. La decisión de Lula sobre su futuro será clave, puesto que si el Acuerdo se implementa sin reformas será un enorme impulso para las grandes empresas agroextractivas que, además de ser una amenaza para el territorio, impedirá que Brasil alcance los objetivos de emisiones a los que se ha comprometido a nivel internacional. Lula en campaña ha prometido no solo cumplir con estos objetivos, sino ir más allá, además de acabar con la deforestación y trabajar en la recuperación de las áreas ya afectadas.

Desde que Von der Leyen iniciara su mandato al frente de la Comisión Europea las relaciones con América Latina han ocupado un segundo plano en la agenda internacional de la Unión Europea, pese a los retos compartidos y el gran potencial de una profundización en las relaciones en áreas clave ligadas a los objetivos de la Agenda 2030, la profundización y democratización del sistema internacional o la fijación de objetivos más ambiciosos en materia climática. La presidencia española del Consejo de la UE durante el segundo semestre de 2023 será una oportunidad fundamental para revertir esta pasividad e incrementar los intercambios entre nuestros dos continentes desde una lógica de igualdad y beneficio mutuo. El Gobierno de España ya trabaja en la organización de una cumbre entre América Latina y la UE durante este mandato y, si somos capaces de superar viejas lógicas de subalternidad, esta puede abrir un nuevo y provechoso periodo en las relaciones entre ambos bloques.

Jon Rodríguez Forrest (@JonSForrest) es responsable de relaciones internacionales de IU y coordinador de su delegación en el Parlamento Europeo.

Fotografía: un joven Lula en el estadio Vila Euclides.

Crónica CT
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